Del Monte de la Estupidez

Alguien dijo una vez que «hay dos cosas infinitas: El Universo y la estupidez humana. Y del Universo, no estoy seguro». Lo del «monte de la estupidez» (mount stupid) viene de un gráfico de dos ejes, donde en el eje Y se mide la disposición de un individuo para opinar sobre un tema y en el eje X el conocimiento que de verdad tiene esa persona sobre ese tema. Según el gráfico, hay un punto en el que las personas ya se sienten capacitadas para opinar sobre un tema y en el eje X el conocimiento que de verdad tiene esa persona sobre ese tema.


¿Te has encontrado alguna vez con una situación así? seguro, pero, incluso, ¿has caído en el monte de la estupidez?

En el mundo de la tecnología, también, obviamente en el que llamamos agilidad, tan popular hoy, en todas las áreas relacionadas, es fácil que se caiga con frecuencia en el monte de la estupidez, porque aparecen muchas cosas nuevas (o se ponen de moda muchas cosas que ya llevaban ahí muchos años) con mucha frecuencia y con mucha rapidez, lo que «obliga» a muchos a tener que hablar de ciertos temas que conocen desde hace muy poco tiempo. El problema es que la realidad es aún más difícil, puede haber un monte de la estupidez, pero no hay una gráfica con ejes X e Y que nos diga en qué punto del conocimiento en el tema nos encontramos. Por ello, seamos todos conscientes, que cuando hablamos de algo, podemos estar en la cima del monte de la estupidez y mañana darnos cuenta de ello.

¿Qué es lo único que nos puede ayudar a no caer en hablar demás estando en la cima del monte de la estupidez? Nada, con absoluta seguridad, pero sí algo nos puede dar indicios: el tiempo que llevamos estudiando y haciendo uso de ello de manera conciente. Si conoces desde hace un año un tema (una tecnología, un modelo ágil, una práctica, etc.) es más probable que estés más cerca de la cima del monte, que si llevas 15 años con ello.

Un modelo relacionado es el Dunning-Kruge, aquel síndrome en el que personas que carecen de competencia se valorarán a sí mismas como altamente competentes. El Dunning-Kruger es el opuesto al síndrome del impostor. También está el hacer un Cobra Kai, como ejemplo del «reduccionismo», no tener claro un tema, no conocerlo en profundidad y plantear una solución simplista que es fácil de vender, pero que no solucionará nada. En definitiva, mis dilectos lectores, ¿dónde se ubican ustedes en el monte de la estupidez?



«De lo que no se puede hablar, mejor es callar» Ludwig Wittgenstein.